sábado, 13 de junio de 2009

Escritos


Relatos del Pueblo de la Fuente
Y de repente supo que aquello que escribía, sucedía. Al mismo tiempo, supo que no era dueño de escribir lo que quisiese. Como si alguien le dictara o lo más intrigante aun, como si aquello que le llegase, ya estaba escrito en algún sitio.
Supo que le tocaba escribir el final de las palabras. Una nueva libertad se asomaba. En el mientras tanto, la mayor libertad, era la impecabilidad.

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